Orígenes del poblado y su devoción
El actual cantón de Tilarán surgió hacia finales del siglo XIX con el nombre de La Cabra, una pequeña comunidad rural fundada por familias provenientes del Valle Central. Con el tiempo, este poblado fue creciendo gracias a la agricultura, la ganadería y el esfuerzo de sus habitantes, quienes también desarrollaron una fuerte vida comunitaria y religiosa.
En medio de ese proceso de crecimiento nació la devoción a San Antonio de Padua, un santo conocido por su humildad, su sabiduría y por ser considerado el patrono de los pobres y de las causas perdidas. Según la memoria oral, una de las primeras devotas del santo fue doña Amelia Elizondo, quien impulsó la idea de traer desde España una imagen de San Antonio. Con la colaboración del sacerdote de Cañas, Mons. Luis Leipold, y el apoyo de los vecinos, se logró adquirir la imagen que más tarde se convertiría en símbolo de fe para todo el pueblo tilaranense.

En 1910, los pobladores levantaron una pequeña ermita donde hoy se ubica la Catedral de Tilarán, y desde entonces San Antonio de Padua fue reconocido como el patrono local. En 1929 se estableció oficialmente la parroquia con su primer párroco, el padre Fray Leonardo de Capellades, consolidando así la organización religiosa del cantón.
Con el paso de los años, la devoción se fortaleció aún más. En 1961, mediante la Constitución Apostólica “Qui Aeque”, se creó la Diócesis de Tilarán-Liberia, y la iglesia dedicada al santo alcanzó el rango de catedral. Desde entonces, San Antonio de Padua ha sido considerado no solo el patrono del cantón, sino también un símbolo espiritual que une a las comunidades vecinas.
Festividades del 13 de junio
Cada 13 de junio, Tilarán se viste de fiesta para honrar a su santo patrono. Durante varios días se celebran novenas, misas, procesiones y actividades comunitarias que reúnen a familias, vecinos y visitantes. La imagen del santo recorre las calles acompañada por música típica, flores y oraciones, en una procesión que mezcla la fe con las tradiciones culturales de Guanacaste.
Además de los actos religiosos, la festividad incluye actividades populares como bailes, comidas típicas, ventas de productos locales y encuentros entre comunidades. Es una fecha esperada por todos los tilaranenses, pues representa un momento de unión, gratitud y alegría compartida.